Sentada a orillas del mar me gusta oír y sentir la llegada de las olas. Algunas abordan la playa con suavidad, sonriendo al bañista, mientras que otras se acercan enfurecidas con la esperanza de arrastrar a lo más profundo del océano cualquier objeto perdido en la playa. Pero dicen que el mar cuando se lleva algo, siempre lo devuelve. De una forma u otra vuelve a escupir sobre la tierra lo que antaño fue arrastrado por la fuerza del agua. No se si será verdad o mentira pero me gusta jugar con la idea de que eso es una realidad. De que todo lo que desaparece en las profundidades de nuestros mares, regresa de alguna forma u otra a sus orígenes. A la tierra. Por eso no me sorprende ver tantos "tesoros" en las playas de nuestro litoral. Tesoros que voy buscando y coleccionando y que seguramente, si analizara sus orígenes, me llevarían al otro lado de la tierra, décadas atrás. Y mientras estoy sentada en la orilla, removiendo las pequeñas piedras de la playa en busca de mis cristales o vidrios marinos, fantaseo con mis pequeños cristales y sus orígenes. Dicen que el mar tarda al menos diez años en pulir las aristas de un pequeño trozo de cristal y que tienen que pasar al menos otras dos décadas para que su superficie quede perfectamente lisa y redondeada. Así que mis cristales, que son muy pequeños pueden remontarse siglos atrás en la historia y tal vez haber formado parte de la gesta de algún barco que antaño surcaba los mares, con su capitán al frente, en busca de poder y riquezas. Y esos cristales que entonces eran sus copas terminaron en el fondo de las aguas tras una terrible tormenta para luego, poco a poco, siglo tras siglo, ser arrastrados hasta mi orilla, y terminar en mis manos.
Me gustan los cristales grandes, pero son difíciles de encontrar. Abundan sobre todo los pequeños, casi diminutos, pero que a pesar de su ínfimo tamaño no escapan a mi vista. Y me gustan los cristales azules, pero esos son muy escasos. Hay sobre todo verdes y ahumados, también transparentes. Y lo más divertido son sus formas. He conseguido encontrar uno transparente, con la forma perfecta de un corazón. ¿Cómo lo habrá hecho el mar? ¿En que estarían pensando las olas? ¿Cómo conocen la forma perfecta de un corazón?
Preguntas todas ellas sin respuesta posible ya que las olas ni hablan, ni piensan, ni sienten. ¿O sí? ¿Y de dónde vienen todos estos cristales? ¡Pequeños trozos de vidrio que tienen su propia historia! Cristales robados por el mar para luego ser devueltos a la tierra. A mis manos. Vidas de cristal, sin duda: ¿Que habrán visto estos cristales?


