viernes, 20 de febrero de 2009

Cristal

Me gusta recordar una niñez rodeada de cristales. Pequeños frascos, de diferentes tamaños y colores, que adornaban el hogar de mi infancia. He escrito (que no publicado) una pequeño relato sobre ello. Son desde luego fantasías infantiles pero que con el tiempo (ya estamos otra vez con el tiempo) me han llevado hasta donde estoy y sobre todo a la reflexión.
Cristal, según una de las definiciones del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, significa "Sólido cuyos átomos y moléculas están regular y repetidamente distribuidos en el espacio". ¡A saber que será eso!
También puede ser "Pieza de vidrio u otra sustancia semejante que cubre un hueco en una ventana, en una vitrina, etc." ¡Lo de etc. me tiene fascinada!
Claro que igualmente lo define como "Lente de las gafas." ¡Menos mal porque sin ellas no puedo ver más allá de mi propia nariz! Aunque en el fondo no pasa nada porque el ser humano en general no suele ver mucho más allá.
Pero bueno, ya me pierdo porque cristal es asimismo "Tela de lana muy delgada y con algo de lustre". ¿Tela de lana muy delgada con algo de lustre? Creo que en el armario de mi abuela, bueno en un baúl de esos grandes que uno siempre termina heredando, había, de hecho creo que sigue ahí, hay una tela semejante.¡Tengo cristal!
¡Claro que tengo cristal! Pero no por las definiciones del diccionario, que son estupendas y apasionantes, sino porque mi vida es cristal.
El cristal de una burbuja en la que me escudo para no saber de las desgracias de los demás. El cristal de una burbuja que es mi defensa para no ver, no saber y no sufrir con los que sufren.
Pero mi vida también es cristal porque es frágil y en cualquier momento se puede romper. Así es la vida del ser humano, frágil como el cristal. Rompible en cualquier momento. Por dentro y por fuera. Y cuando el ser humano se rompe, casi siempre roto se queda, por dentro y por fuera.

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