miércoles, 25 de febrero de 2009

El sexo: Hecho en China


Todo en este mundo tiene un comienzo y un fin. Ya nos lo demostraron los científicos cuando dieron al traste con la teoría de la eternidad alegando que el mundo tuvo también su nacimiento. Fue hace ni se sabe cuantos años, con un gran estallido que ha pasado a la historia con el nombre de Big Bang. Claro que para demostrar que la vida tiene un límite, que comienza en algún sitio para luego terminar en otro, no tenemos que recurrir a la ciencia. Basta con mirarnos al espejo para comprender que el tiempo pasa. Así que todo tiene un comienzo y un fin.
Pero ¿y el sexo? ¿Que pasa con el sexo? ¿Ha rondado siempre la vida? ¿Fueron sus inventores los animales prehistóricos, o tal vez los pequeños "bichitos" que poblaron la tierra en un tiempo en el que el globo terráqueo no había decidido todavía si albergar o no al Homo Sapiens?
El caso es que la pregunta se las trae, porque si todo ha tenido un comienzo, en algún momento y lugar tiene que haber surgido también nuestro "instinto básico". Y es una suerte para nosotros, los mortales curiosos, que haya gente para todos los gustos. Porque esta pregunta tiene su respuesta gracias a los estudios del profesor estadounidense William Schopf.
Se trata de una eminencia en la materia de la evolución de la tierra, un paleobiólogo (¿?) con estudios en Harvard etc. y además experto en la teoría de Darwin. Y toda su sabiduría le ha llevado a la conclusión de que el sexo comenzó hace 1.100 millones de años en un territorio que ahora está en China. No cuenta los pormenores de los hechos, tal vez por pudor, o porque la historia acabaría clasificada X. Sin embargo, y a pesar de carecer de datos concretos de esta primera incursión sexual, mi imaginación da de sí para las fantasías eróticas más extravagantes, porque ahí estaba ella, la célula solitaria:
"Era una célula solitaria que vagaba sin rumbo en un plancton; una célula que no paraba de hacerse preguntas sobre su aburrida existencia. La tradición le obligaba a reproducirse de la manera que entonces estaba de moda, la asexual, lo que no le producía ninguna satisfacción. Por eso un día decidió probar fortuna y romper con su miserable vida buscando el placer de lo carnal. En una milésima de segundo consiguió abordar a otra célula y ¡zas! ¡había nacido el sexo!"
Esta fantasía, por muy increíble que parezca, tiene como he dicho su base científica. Además fue en China. Algunos creen que la actividad sexual pudo haber tenido su origen en Siberia, pero no existen pruebas. Otros aseguran que la avanzadilla del sexo se vivió en la India, de ahí el Kama Sutra, o en Thailandia, país inspirador de la película Emmanuelle. Pero nada más lejos de la realidad. A la hora de enfrentarse con la historia no vale lo que antaño escribieron los sabios ni el erotismo prefabricado con diseño estilo Hollywood. No señor. A la hora de enfrentarse con la historia hay que llamar al pan, pan y al vino, vino. Porque el sexo nació en China y de ahí sus miles de millones de habitantes.

domingo, 22 de febrero de 2009

Domingo

Todas las semanas tienen su domingo y recuerdo que antes esos domingos, especialmente sus tardes, eran un auténtico tormento. La agonía y la decadencia comenzaba nada más terminar la comida. Miraba el reloj a cada rato para ver pasar el tiempo con sus segundos, sus minutos y sus horas. La angustia se iba extendiendo por todo mi cuerpo formando primero un pequeño nudo en el estómago y luego un malestar generalizado con un único pensamiento en mi interior: ¡mañana lunes estaré enferma y no podré ir a trabajar!
Pero los lunes siempre llegaban con el malicioso sonido del despertador a las 05.00. Y yo no estaba enferma y esas no son horas para levantarse. ¡Es inhumano! A esas horas la luna sigue dominando el cielo y todavía queda un buen rato para que mi adorado Dios Ra tan siquiera se atreva a asomarse por el horizonte. ¡Las calles no están puestas! ¡La vida prácticamente no existe! ¡Y el edredón de mi cama me llama a gritos para que vuelva a su lado! Y a las 05.00 de la madrugada no os podéis imaginar las ojeras que una puede llegar a tener. El careto que espanta al mismísimo espejo que se ponía del revés con tal de no verme. Y después de un rápido, rapidísimo café (porque a esas horas de la mañana hay que ahorrar tiempo porque 5 minutos más en la cama es casi media vida) bueno después de un rapidísimo café llega el tiempo. Asomo la nariz para ver si llueve, está nevando, hay heladas, niebla o cualquier otra cosa. Si llueve mal asunto, porque no me gusta mojarme y odio el paraguas, si hay nieve todavía queda la esperanza de poder quedarme en casa por el cierre de carreteras, si hay heladas me toca rascar el cristal del coche para poder ver la carretera y si hay niebla más vale rezar para encontrar a otro pobre mortal en la carretera a quien seguir para no perderme.
No, si es que el lunes no tiene perdón, de ahí la angustia todos los domingos. Pero curiosamente he sobrevivido y todos los lunes de mi vida llegaron a amanecer y descubrí que en la carretera, de camino al trabajo, había otros en la misma situación que yo. Caras cansadas con pocas ganas de jolgorio. Pero a veces, en la oscuridad de la madrugada, mi mirada se cruzaba con la de otro conductor y nos sonreíamos. ¡Dos pobres diablos camino del trabajo un lunes muy temprano por la mañana! No estábamos solos y eso reconforta. Y era lunes de madrugada, el comienzo de una nueva e inexplorada semana, seguro que con grandes vivencias y novedades. Feliz lunes a todos.

viernes, 20 de febrero de 2009

Cristal

Me gusta recordar una niñez rodeada de cristales. Pequeños frascos, de diferentes tamaños y colores, que adornaban el hogar de mi infancia. He escrito (que no publicado) una pequeño relato sobre ello. Son desde luego fantasías infantiles pero que con el tiempo (ya estamos otra vez con el tiempo) me han llevado hasta donde estoy y sobre todo a la reflexión.
Cristal, según una de las definiciones del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, significa "Sólido cuyos átomos y moléculas están regular y repetidamente distribuidos en el espacio". ¡A saber que será eso!
También puede ser "Pieza de vidrio u otra sustancia semejante que cubre un hueco en una ventana, en una vitrina, etc." ¡Lo de etc. me tiene fascinada!
Claro que igualmente lo define como "Lente de las gafas." ¡Menos mal porque sin ellas no puedo ver más allá de mi propia nariz! Aunque en el fondo no pasa nada porque el ser humano en general no suele ver mucho más allá.
Pero bueno, ya me pierdo porque cristal es asimismo "Tela de lana muy delgada y con algo de lustre". ¿Tela de lana muy delgada con algo de lustre? Creo que en el armario de mi abuela, bueno en un baúl de esos grandes que uno siempre termina heredando, había, de hecho creo que sigue ahí, hay una tela semejante.¡Tengo cristal!
¡Claro que tengo cristal! Pero no por las definiciones del diccionario, que son estupendas y apasionantes, sino porque mi vida es cristal.
El cristal de una burbuja en la que me escudo para no saber de las desgracias de los demás. El cristal de una burbuja que es mi defensa para no ver, no saber y no sufrir con los que sufren.
Pero mi vida también es cristal porque es frágil y en cualquier momento se puede romper. Así es la vida del ser humano, frágil como el cristal. Rompible en cualquier momento. Por dentro y por fuera. Y cuando el ser humano se rompe, casi siempre roto se queda, por dentro y por fuera.

jueves, 19 de febrero de 2009

Con el Tiempo a mi Favor



Ahora, por fin, tengo en mi vida el tiempo a mi favor. Tiempo para mi familia, para mis amigos, incluso para los que consideran que no soy su amiga, pero sobre todo, tengo tiempo para mi. Un tiempo para mirarme al espejo y constatar que los años pasan pero también para ver que la vida hace de la cara de cada uno lo que han aportado sus vivencias. Un tiempo para ver como la persona que lleva a mi lado casi toda la vida, sigue siendo la misma, aunque con más ternura, más paciencia, porque los años le han ablandado los sentimientos. Un tiempo para reconocer que los hijos nunca se marcha de casa, todo lo contrario. Cuando se van regresan con amigos, amigas, novios, novias, compañeros, compañeras y finalmente con sus propios hijos. Un tiempo para compartir con todos vosotros que tengáis interés y sobre todo tiempo para perderlo con palabras que se lleva el viento.

Porque me gusta ver pasar el tiempo, poder leer sus palabras en mi rostro, y me gusta usar las palabras, porque se que con el tiempo se las lleva el viento.