Cuando viajo me gusta ir acompañada de uno o varios libros. El saber no ocupa lugar y disfrutar de las historias de los demás es casi siempre un placer, y digo casi porque no todo lo que se publica es bueno, así a mi al menos me lo parece. Pero bueno, la lectura, aunque no sea de la "altísima literatura" es siempre un buen ejercicio mental así que los libros me acompañan, y me han acompañado a lo largo de mi vida. También me gusta llevar revistas de las denominadas de cotilleo. ¿Y que tendrá que ver el mundo del corazón con los premios nobel de literatura? ¿Que tendrá que ver nuestros "Cien años de soledad", por citar un ejemplo, con titulares como "Mi madre no quiere que tenga novio formal" o "Un turista fashion en Miami". Claro que este último titular podría ser un título estupendo para un libro de viajes con un toque de diseño mezclado con algún asesinato que otro. Pura fantasía. Pero el caso es que lo que una llega a leer en esas revistas del corazón no es fantasía, sino real como la vida misma.
Ahí tenemos por ejemplo a la adorada Victoria Beckham que ahora luce un "look" de inspiración militar cuando hace dos días salía en un Londres nevado en manga corta, minifalda y tacones de infarto. Ahora eso sí, en ambas ocasiones ocultando su cara tras unas inmensas gafas negras y con una imagen de "fashion total". Y digo yo, cuanto tiempo perderá esta mujer al día pensando en que ponerse para sorprender a los fotógrafos. ¿Cuantas neuronas habrá gastado para sorprender a cada instante? ¿No se cansará de tener que ir siempre de "fashion total"? Porque a mi me resultaría de lo más cansino.
Menos mal que la señora Obama es capaz de ponerse un delantal, desplegar su mejor sonrisa y dar de comer a los indigentes y que Kirk Douglas se ha vuelto a subir a los escenarios, igual que la incombustible Jane Fonda que gracias a sus tablas aeróbicas sigue estando tan estupenda como hace años. Y digo menos mal porque estas noticias parecen que compensan aquellas que rozan la cursilería más absoluta y la estupidez humana más profunda. ¿Y entonces que hago yo leyendo esas cosas del corazón? Bueno, me gusta mirar las fotos, ver como todas quieren o tienen que ser y estar maravillosas. Ver como los años pasan para todos, algunas con lifting y otras sin lifting; ese paso por el quirófano que todas las mujeres a cierta edad deben hacerse por el bien de sus amigos (frase de una película francesa). Descubrir que la vida no es de color rosa porque los ricos también lloran. Y finalmente y lo que es lo mejor de todo: mirarme al espejo y dar gracias a mi vida por ser una mortal anónima. Y luego me vuelvo a mi libro, a las historias de los demás.
Ahí tenemos por ejemplo a la adorada Victoria Beckham que ahora luce un "look" de inspiración militar cuando hace dos días salía en un Londres nevado en manga corta, minifalda y tacones de infarto. Ahora eso sí, en ambas ocasiones ocultando su cara tras unas inmensas gafas negras y con una imagen de "fashion total". Y digo yo, cuanto tiempo perderá esta mujer al día pensando en que ponerse para sorprender a los fotógrafos. ¿Cuantas neuronas habrá gastado para sorprender a cada instante? ¿No se cansará de tener que ir siempre de "fashion total"? Porque a mi me resultaría de lo más cansino.
Menos mal que la señora Obama es capaz de ponerse un delantal, desplegar su mejor sonrisa y dar de comer a los indigentes y que Kirk Douglas se ha vuelto a subir a los escenarios, igual que la incombustible Jane Fonda que gracias a sus tablas aeróbicas sigue estando tan estupenda como hace años. Y digo menos mal porque estas noticias parecen que compensan aquellas que rozan la cursilería más absoluta y la estupidez humana más profunda. ¿Y entonces que hago yo leyendo esas cosas del corazón? Bueno, me gusta mirar las fotos, ver como todas quieren o tienen que ser y estar maravillosas. Ver como los años pasan para todos, algunas con lifting y otras sin lifting; ese paso por el quirófano que todas las mujeres a cierta edad deben hacerse por el bien de sus amigos (frase de una película francesa). Descubrir que la vida no es de color rosa porque los ricos también lloran. Y finalmente y lo que es lo mejor de todo: mirarme al espejo y dar gracias a mi vida por ser una mortal anónima. Y luego me vuelvo a mi libro, a las historias de los demás.
Me gusta que seas una mortal anónima y no una Victoria Beckman cualquiera. Ah y no leas a tanto premio Nobel porque hay algunos que merecerían seguir en el anonimato
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