martes, 24 de marzo de 2009

Muerte de papel

Se llamaba Jade Goody y tenía cáncer terminal. Sin duda una tragedia para todo su entorno familiar. Y murió. Pero no murió en el anonimato como lo hace la inmensa mayoría de mujeres que sufren el mismo mal. No, ella no murió así. Murió rodeada de cámaras y a través de esas cámaras, de cientos de miles de personas que no la conocían de nada pero que en ese momento la idolatraban y que probablemente dentro de pocos días no se acordarán de ella.
Era una venta de su vida, de su tragedia, de su cáncer. Dicen ahora que fue una llamada de atención a todas las mujeres que pueden sufrir la misma enfermedad. Y en su país natal, incluso los políticos de esa misma nación, aseguran que gracias a ella muchas mujeres han dado el paso decisivo para prevenir esa misma tragedia.
Pero no nos dejemos engañar. Porque si bien la muerte de Jade Goody, su muerte en directo, tras su boda en directo, su sufrimiento en directo (todo ello previo pago, naturalmente) ha llevado a muchas mujeres inglesas a la consulta preventiva, no debemos olvidar quien era Jade Goody.
Jade, mucho antes de caer enferma, ya era una estrella de la televisión británica, del "reality show" del gran hermano en su país, vendiendo sus intimidades por dinero. Un polvo aquí, otro por allá, insultos, menosprecios, odios y demás cosas que traen esos programas que no hacen otra cosa que vender lo más ruin del ser humano. Y digo ruin no por lo que los seres humanos hacemos, porque ni el sexo ni los odios, ni nada de eso, ni muchas otras cosas mas son ruines; lo realmente ruin es venderlo por dinero.
Será que somos tan frágiles que tenemos que recurrir al vil metal, bueno ahora más bien al vil papel.
Pero no quiero que nadie se confunda. Porque yo siento la muerte de Jade, a esa edad, con toda la vida por delante con sus hijos. También soy madre y me imagino el vacío de su familia.
Pero que nadie se confunda. Porque creo que no debemos vender nuestras vidas, y menos aún nuestra muerte por algo tan vil como el papel.
Se que la vida del ser humano es frágil, es una vida de cristal, pero no puede ser tan frágil que se deje romper por algo todavía más frágil, como lo es el papel.

martes, 17 de marzo de 2009

Cotilleo

Cuando viajo me gusta ir acompañada de uno o varios libros. El saber no ocupa lugar y disfrutar de las historias de los demás es casi siempre un placer, y digo casi porque no todo lo que se publica es bueno, así a mi al menos me lo parece. Pero bueno, la lectura, aunque no sea de la "altísima literatura" es siempre un buen ejercicio mental así que los libros me acompañan, y me han acompañado a lo largo de mi vida. También me gusta llevar revistas de las denominadas de cotilleo. ¿Y que tendrá que ver el mundo del corazón con los premios nobel de literatura? ¿Que tendrá que ver nuestros "Cien años de soledad", por citar un ejemplo, con titulares como "Mi madre no quiere que tenga novio formal" o "Un turista fashion en Miami". Claro que este último titular podría ser un título estupendo para un libro de viajes con un toque de diseño mezclado con algún asesinato que otro. Pura fantasía. Pero el caso es que lo que una llega a leer en esas revistas del corazón no es fantasía, sino real como la vida misma.
Ahí tenemos por ejemplo a la adorada Victoria Beckham que ahora luce un "look" de inspiración militar cuando hace dos días salía en un Londres nevado en manga corta, minifalda y tacones de infarto. Ahora eso sí, en ambas ocasiones ocultando su cara tras unas inmensas gafas negras y con una imagen de "fashion total". Y digo yo, cuanto tiempo perderá esta mujer al día pensando en que ponerse para sorprender a los fotógrafos. ¿Cuantas neuronas habrá gastado para sorprender a cada instante? ¿No se cansará de tener que ir siempre de "fashion total"? Porque a mi me resultaría de lo más cansino.
Menos mal que la señora Obama es capaz de ponerse un delantal, desplegar su mejor sonrisa y dar de comer a los indigentes y que Kirk Douglas se ha vuelto a subir a los escenarios, igual que la incombustible Jane Fonda que gracias a sus tablas aeróbicas sigue estando tan estupenda como hace años. Y digo menos mal porque estas noticias parecen que compensan aquellas que rozan la cursilería más absoluta y la estupidez humana más profunda. ¿Y entonces que hago yo leyendo esas cosas del corazón? Bueno, me gusta mirar las fotos, ver como todas quieren o tienen que ser y estar maravillosas. Ver como los años pasan para todos, algunas con lifting y otras sin lifting; ese paso por el quirófano que todas las mujeres a cierta edad deben hacerse por el bien de sus amigos (frase de una película francesa). Descubrir que la vida no es de color rosa porque los ricos también lloran. Y finalmente y lo que es lo mejor de todo: mirarme al espejo y dar gracias a mi vida por ser una mortal anónima. Y luego me vuelvo a mi libro, a las historias de los demás.